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Por Donald Whitney – Traducido por C. Alexander León J. Peniel12@msn.com (http://elcaminoangosto.org)

I Timoteo 4:15-16
Casi todo el mundo conoce a alguien que antes estuvo en el ministerio. Casi todos conocen a alguien que no debería estar en el ministerio. Y todo ministro conoce otro ministro – o varios – a los cuales no desearía parecerse.
Pero la triste noticia para los ministros es que, sea cual sea su edad o su educación o experiencia, es casi inevitable que usted se convierta en la clase de ministro que no quiere ser. Así que pienso que es importante tratar el tema sobre la casi inevitable ruina del ministro… y cómo evitarla.
Cierta vez, cuando un ejecutivo de la Convención Bautista del Sur estuvo en el Seminario Midwestern a fines de los años 1990, dijo que las estadísticas muestran que de cada veinte hombres que entran al ministerio, solo uno de ellos continúa en el ministerio al llegar a la edad de 65 años.
A pesar de todo el empeño con el que suelen empezar la carrera, a pesar de toda la inversión en tiempo y dinero para prepararse, a pesar de los años de servicio, a pesar del costo de redirigir sus vidas, casi todos abandonarán el ministerio. Algunos saldrán por motivos de salud. Algunos se recluirán en vida privada. Algunos aceptarán que en realidad malinterpretaron el llamado de Dios. Algunos abandonarán porque el estrés es demasiado. Algunos serán expulsados por sus iglesias. Algunos se retirarán por el sentimiento de frustración y fracaso. Y si usted nunca ha tenido pensamientos de abandonar el ministerio, creo que no ha estado en el ministerio por mucho tiempo.
A pesar del hecho de que nadie entra en el ministerio por casualidad, la ruina de casi todo ministro parece inevitable. Porque además del alto porcentaje que hace abandono del ministerio, algunas veces parece que muchos de los que sí permanecen, parecen haber fracasado en otras formas. Pueden arruinarse por dinero, ya sea por el deseo de dinero o la carencia de él. Toman demasiadas decisiones basados en hacer más dinero, o bien, afectan su actitud hacia la iglesia porque sienten que no se les paga lo suficiente. (más…)
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Revisando un material por internet, me encontré con una fotografía de una iglesia que tenía un anuncio o publicidad que decía: “2000 iglesias para el 2025”. Me llamo mucho la atención porque yo sacando la cuenta le quedan solo 15 años. Sé que al menos llevan unos 10 años en eso, realmente no conozco ninguna iglesia en el mundo que haya enviado tantos misioneros y pastores como para completar 2000 iglesias en 25 años. Eso daría una fantástica cifra de 80 iglesias por año.  Mi curiosidad no se aguanto y visite su web sitie para ver cuántas iglesias llevaban… mi sorpresa fue que no llevan más de 10 obras.
Pero esto no es solo un ejemplo de la ignorancia bíblica con respecto a fundación de iglesias, sino un descuido que le costará muy caro al pueblo de Dios en general.
Durante esta época que Dios me ha permitido vivir, puedo recordar con facilidad, como creyentes se preguntaban (y se preguntan!): ¿Por qué ese pastor engaño a la iglesia robando dinero? ¿Por qué aquel otro pastor vive una vida desordenada? ¿Por qué  después de dos o tres años de servicio abandona el ministerio? ¿Por qué los pastores maltratan verbalmente a la congregación? ¿Por qué ese pastor es autoritario?  
En otro orden de idea, pero en la misma tónica, esta semana una joven que nos frecuentaba en la IBRC nos contó que en su búsqueda de una iglesia con sana doctrina, llego a una congregación donde visito al menos unas dos veces. Ella en su deseo de llevar inconversos a la iglesia, pasaron un día entre semana a la iglesia para el culto de oración. Para sorpresa de ella, el pastor de esa congregación la regaño (delante de su amiga) diciéndole: “porque trajiste un invitado, debiste notificar antes, solo los días domingos se aceptan visitas”…  Ella finalmente se dio cuenta que lo mejor es que nos siga frecuentando…
¿Por qué ocurren estas cosas? ¿Por qué jóvenes fracasan en su intento de ser pastores o misioneros?
En nuestro país existen algunas iglesias que se desesperan en enviar a cualquiera al ministerio -como el ejemplo que menciono arriba- con tal de llenarse la boca en decir que están evangelizando a Venezuela para Cristo.
¿Qué dice la biblia a todo esto?
Creo que examinando bien las causas de estas situaciones, daremos con la solución.  Sin embargo, comparto mucho la opinión de John Armstrong. Porque el problema es que están enviando jóvenes y hombres maduros que no han sido llamados por Dios para tal propósito. Piensan que por darle una preparación académica religiosa, obteniendo un titulo de Lic. En Teología, ya están capacitados para ser pastores.  Los pastores que envían a sus “hombres de ministerio” ignoran casi absolutamente algunas áreas cruciales como el aspecto sexual, el dinero, y el poder. ¿Acaso no son estás áreas donde afloran la mayoría de los fracasos éticos y molares?
Decía John Armstrong:
“Hace algunos años se me pidió que presidiera una comisión en mi denominación evangélica donde las tareas incluían las entrevistas a los hombres que serían ordenados, antes de que se reuniera el consejo… nuestra tarea era examinar, preguntar y luego recomendar. Cada año examinábamos un buen número de hombres. Más de la mitad de ellos no estaban preparados-doctrinal y /o personalmente-según mi punto de vista. Varias veces recomendamos a la iglesia que no ordenara a un hombre.
Con frecuencia la iglesia local ignoraba nuestro consejo y procedía son nuestra aprobación, ordenando finalmente al hombre en alguna otra oportunidad. Lo que era particularmente preocupante era lo poco frecuente que el candidato o su congregación local se molestaban en averiguar nuestras razones para no recomendar a ese hombre al ministerio”1
Si las iglesias y los pastores se dedicaran a enviar hombres aprobados por Dios, esas cosas no sucederían. Las escrituras detallan muy bien quienes son aptos para el ministerio, porque seguramente habrá muchos que desearan ir a ministrar, pero no estarán calificados ni cualificados, y si lo envían, obtendremos los problemas que Ud. y yo solemos escuchar a nuestro alrededor.
Aunque reconozco que parte de problema es la desviada teología que tienen muchos pastores que los induce a tener iglesias con muchos problemas y por ende cuando se habla de enviar a hombres al ministerio, comenten los mismos errores. Enviado hombres descalificados que nunca han sido ni serán llamados por Dios para sagrada labor.
En la próxima entrada veremos algunos aspectos de los requisitos.

Jhon Piper
CAP 1
Los pastores estamos siendo asesinados por el profesionalismo del ministerio pastoral. La mentalidad del profesional no es la mentalidad del profeta. No es la mentalidad del siervo de Cristo.
El profesionalismo no tiene nada que ver con la esencia y el corazón del ministerio cristiano. Mientras más profesionales anhelemos ser, mayor será la estela de muerte espiritual que dejemos a nuestro paso, pues no existe la inocencia profesional (Mt. 18:3); no existe la misericordia profesional (Ef. 4:32); no existe el clamor profesional por Dios (Sal. 42:1).
Pero nuestra primera tarea es la de clamar por Dios en la oración. Nuestra tarea es la de llorar por nuestros pecados (Stg. 4:9). ¿Existe el llanto profesional? Nuestra tarea es la de proseguir a la meta de la santidad de Cristo y al premio del supremo llamamiento de Dios (Fil. 3:14); golpear nuestro cuerpo y someterlo no sea que seamos eliminados (1 Co. 9:27); negarnos a nosotros mismos y tomar la cruz salpicada de sangre cada día (Lc. 9:23). ¿Cómo se lleva una cruz profesionalmente? Hemos sido crucificados con Cristo; pero ahora vivimos en la fe de aquel que nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros (Gá. 2:20). ¿Qué es fe profesional?
No nos llenaremos de vino, sino del Espíritu (Ef. 5:18). Somos amadores de Cristo ebrios de Dios. ¿Cómo podemos embriagarnos de Dios profesionalmente? Entonces, maravilla entre las maravillas, recibimos el tesoro del evangelio para llevarlo en vasos de barro para mostrar que la excelencia del poder es de Dios (2 Co. 4:7). ¿Hay alguna forma en que podamos ser un vaso de barro profesional?
Estamos afligidos en todo, pero no abatidos; desconcertados, pero no llevados a la desesperación; perseguidos, pero no destruidos; siempre llevando en el cuerpo la muerte de Jesús (¿profesionalmente?) para que la vida de Jesús también se manifieste (¿profesionalmente?) en nuestros cuerpos (2 Co. 4:9-11).
Pienso que Dios nos ha exhibido a nosotros los predicadores como postreros de todo en el mundo. Somos insensatos por amor de Cristo, pero los profesionales son sabios. Somos débiles, pero los profesionales son fuertes. A los profesionales se les honra, a nosotros se nos desacredita. No tratamos de conseguir un estilo de vida profesional, pero estamos listos para padecer hambre y sed e ir mal vestidos y no tener techo. Cuando nos maldicen, bendecimos; cuando somos perseguidos, resistimos; cuando nos difaman, tratamos de conciliar; nos hemos convertido en la escoria del mundo, el desecho de todas las cosas (1 Co. 4:9-13). ¿O no? ¡Hermanos, no somos profesionales! Somos parias. Somos extranjeros y desterrados en el mundo (1 P. 2:11). Nuestra ciudadanía está en los cielos y esperamos impacientemente al Señor (Fil. 3:20).
No se puede profesionalizar el amor por su venida sin matar ese amor. Y si se está matando.
Los objetivos de nuestro ministerio son eternos y espirituales. No son comunes a ninguna otra profesión. Es precisamente por la incapacidad de ver esto que estamos muriendo.
El predicador vivificante es un hombre de Dios, cuyo corazón siempre tiene sed de Dios, cuya alma siempre está apegada a Dios, cuyo ojo sólo está atento a Dios y en quien, por el poder del Espíritu de Dios, la carne y el mundo han sido crucificados y su ministerio es como el torrente generoso de un río vivificante.1
De ninguna manera somos parte de un grupo social que comparte objetivos con otros profesionales. Nuestros objetivos son una ofensa; son locura (1 Co. 1:23). La profesionalización del ministerio constituye una amenaza constante a la ofensa del evangelio. Es una amenaza a la naturaleza profundamente espiritual de nuestro trabajo. Lo he visto a menudo: El amor por el profesionalismo (semejante a los profesionales del mundo) mata la creencia del hombre de que ha sido enviado por Dios para salvar a las personas del infierno y hacerlas extranjeras espirituales que exalten a Cristo en el mundo. El mundo establece el programa del hombre profesional; Dios establece el programa del hombre espiritual. El fuerte vino de Jesucristo hace estallar el odre del profesionalismo. Hay una diferencia infinita entre el pastor que está resuelto a ser un profesional y el pastor que está resuelto a ser el aroma de Cristo, la fragancia de la muerte para algunos y de la vida eterna para otros (2 Co. 2:15-16). ¡Dios, líbranos de los profesionalizadores! Líbranos de la «vocación mezquina, controladora, conspiradora y  maquinadora que existe entre nosotros».2 Dios, danos lágrimas por nuestros pecados. Perdónanos por ser tan
superficiales en la oración, tan escasos en nuestra comprensión de las verdades sagradas, tan conformes en medio de vecinos que mueren, tan faltos de pasión y de sinceridad en toda nuestra conversación. Devuélvenos el inocente gozo de nuestra salvación. Haz que temamos la formidable santidad y poder de aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo en el infierno (Mt. 10:28). Haz que llevemos la cruz con temor y temblor como nuestro árbol de la vida ofensivo y lleno de esperanza. No nos des nada, absolutamente nada, del modo en que el mundo ve las cosas. Que Cristo sea el todo y en todos (Col. 3:11).
Destierra el profesionalismo de nuestro medio, oh Dios, y en su lugar pon la oración apasionada, la pobreza de espíritu, el hambre de Dios, el estudio riguroso de las cosas sagradas, la devoción ardiente por Jesucristo, la total indiferencia hacia todos los beneficios materiales y la labor infatigable para rescatar a los que mueren, perfeccionar a los santos y glorificar a nuestro Señor soberano. Humíllanos, oh Dios, bajo tu poderosa mano, para que nos exaltes, no como  profesionales, sino como testigos y participantes de las aflicciones de Cristo. En su maravilloso nombre. Amén.
1. John Piper y Wayne Grudem, Recovering Biblical Manhood and Womanhood: A Response to Evangelical Feminism (Wheaton, Ill.: Crossway Books, 1991), 16.
Contenido:
Prólogo 9
Agradecimientos 15
1. Hermanos, no somos profesionales 17
2. Hermanos, Dios ama su gloria 21
3. Hermanos, Dios es amor 27
4. Hermanos, vivan y prediquen la justificación por la fe 33
5. Hermanos, tengan cuidado con la ética del deudor 49
6. Hermanos, díganles que no sirvan a Dios 55
7. Hermanos, tengan en cuenta el hedonismo cristiano 61
8. Hermanos, oremos 69
9. Hermanos, tengan cuidado con los sustitutos sagrados 75
10. Hermanos, luchen por sus vidas 81
11. Hermanos, interroguemos el texto 89
12. Hermanos, Bitzer era banquero 97
13. Hermanos, lean biografías cristianas 105
14. Hermanos, muéstrenles a sus fieles por qué
Dios inspiró textos difíciles 113
15. Hermanos, salven a los santos 121
16. Hermanos, debemos sentir la realidad del infierno 129
17. Hermanos, llévenlos al arrepentimiento por medio de su deleite 135
18. Hermanos, magnifiquen el significado del bautismo 143
19. Hermanos, nuestra aflicción es para Él consuelo de ellos 153
20. Hermanos, hagan que el río sea profundo 159
21. Hermanos, no combatan los tanques de la carne con reglas de cerbatana 165
22. Hermanos, no confundan la incertidumbre con la humildad 175
23. Hermanos, díganles que con cobre basta 183
24. Hermanos, ayuden a su pueblo a resistir y servir en medio de las calamidades 189
25. Hermanos, denles la pasión de Dios por las misiones 203
26. Hermanos, corten el racismo de raíz 215
27. Hermanos, hagan sonar el clarín por los que aún no han nacido 229
28. Hermanos, centren la atención en la esencia de la adoración, no en la forma 247
29. Hermanos, amen a sus esposas 263
30. Hermanos, oren por los seminarios 277
Índice de personalidades 283
Índice de temas 285
Índice de textos bíblicos 291
Ministerios Desiring God 300

Para quienes objetan la doctrina bíblica del gobierno plural de ancianos,  dicen que no es posible gobernar cuando comparten la misma autoridad,  ellos preguntan: ¿Quién manda a quien? Otros, en su intento de ser  bíblicos apelan al ejemplo de Moisés, pero, ¿quien fue Moisés y cuál fue su rol? El fue el libertador de pueblo de Israel de la esclavitud Egipcia, nosotros tenemos a nuestro Moisés; Jesucristo, el es nuestro libertador. Pero si detallamos bien la historia del pueblo de Israel, notaremos que después de Josué, no hubo un solo líder, sino que las familias sacerdotales tomaron el liderazgo.
También existen algunos que son un poco más creativos en su afán de estirar las escrituras y hablar donde la Biblia calla. Estos intérpretes dicen: “así como Israel fue gobernado por un  rey, así mismo la iglesia debe ser gobernada por un pastor”.  No existe ningún texto en las escrituras que haga tal comparación, ni siquiera el diccionario de la Real Academia asemeja ambos términos, en concepto y  oficio. Debemos recordar que la nación de Israel fue Teocrática, los reyes cuando fueron colocados por Dios, cumplían estrictamente sus funciones civiles. Las religiosas estaban destinadas a una tribu en específico. 
Algunos dicen que  Apocalipsis cap. 1 apoya el concepto de una iglesia con un pastor. Allí el apóstol Juan habla de los “ángeles” (angeloi) de las siete “iglesias” (v 20). Angelos puede significar “mensajero” y los que defienden la idea de una iglesia-un pastor dicen que los mensajeros aquí y en los cap. 2 y 3 son los pastores de las iglesias.
Existen algunos problemas con esta interpretación, mencionare al menos dos; La primera es que angeloi no se usa en ninguna parte de la escritura para referirse a un pastor, anciano u obispo en el nuevo Testamento. Y cada vez que la palabra angeloi aparece en el Apocalipsis es para referirse a ángeles. 
Segunda, aún si se pudiera demostrar que estos ángeles eran pastores, eso todavía no prueba que no fuesen representantes de un grupo de pastores. Hechos 14:23 dice; Y constituyeron ancianos (PLURAL)  en cada iglesia (SINGULAR), y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído. Énfasis añadido.
Objetar esta doctrina diciendo: “es imposible que se pongan de acuerdo varios pastores con un mismo asunto”, es algo inaceptable, cuando la escritura da ejemplos muy explícitos. (Hc. 6:2) ¿Acaso no habita el mismo Espíritu Santo en todos los pastores y los guía por igual? ¿Ha dejado de ser Cristo la Cabeza de la Iglesia? Es aquí donde entran dos principios claves para el desarrollo de este liderazgo bíblico. Por un lado está el principio de unanimidad, y por el otro, el principio de primero entre iguales.
 Si es cierto que el Espíritu Santo guía la vida de los hombres que llevan el curso de la iglesia, entonces Él colocará el mismo pensamiento y sentir en cuanto a todos los asuntos tocantes a la vida de la iglesia. ¿No fue así que los apóstoles tomaron sus decisiones?
Entendemos de las escrituras que el Espíritu Santo reparte dones de distintas formas y niveles (Rom 12:6; 1 Cor. 12:4;  Ef. 4:8) y eso influye en los hombres que Dios ha capacitados, algunos de ellos vendrán con un don de enseñanza (o administración) más desarrollado que otro. Por eso  nuestro entendimiento en la diversidad y unidad del cuerpo de ancianos, donde habrá hombres con el don de liderazgo más elevado y  pudiese verse como si sobresaliera. Pero no es así, simplemente nuestro buen Dios seguramente le capacito para ser el primero entre sus iguales.
Este principio los romanos lo llamaban primi inter pares,  “primero entre pares”. 
Veamos esto en la escritura; Entre los doce apóstoles Pedro, Santiago y Juan y en ocasiones Andrés, son los primeros entre sus iguales. En algunas oportunidades fueron ellos y no los otros quienes Jesús selecciono para que le acompañase. (Lc. 8:51; 9:28 y Mr. 14:33)
Dentro de estos tres, indiscutiblemente Pedro es el primero entre sus iguales, podemos resaltar el hecho que él aparece de primero en las cuatro listas de los doce. 
Jesús encargo a Pedro que confirmase a sus hermanos (Lc. 22:32) Pedro era sin duda un orador natural, confirmado por Jesús.  El libro de los hecho muestra ricamente como el liderazgo de Pedro se hizo notar en los primeros capítulos del relato del historiador Lucas. (Hc. 2:14; 42: 4:33; 5:12, 18, 29, 42; 6:2-6; 8:14; 9:27)
Sin embargo no podemos dejar de notar como Pablo observa este asunto en Galatas 2:9 “y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión”. Énfasis añadido
Podríamos pensar que esto se limitaba a los apóstoles, cuando escogieron a los siete (Hc.6 ) resaltan claramente a la vista los nombres de Felipe y Esteban, no era que ellos tenían un cargo superior sobre los otros cinco, simplemente por sus dones y capacidades fueron usados.
Otro ejemplo lo vemos entre Pablo y Bernabé en su primer viaje misionero, ambos eran apóstoles, (Hc. 13:1-3; 14:4; 15:36-39; I Cor. 9:1-6) pero Lucas nos relata a Pablo llevando la palabra (Hc.13:13; 14:12) Aunque Pablo era el  más dotado entre los dos, el no tenía ningún rango especial sobre Bernabé. Lo mismo podemos decir de la relación entre Pablo y Silas (II Tes. 2:6)
Esto no significa que los ancianos que son primero entre sus iguales, lleven toda la carga de la iglesia o tengan la última palabra en la toma de decisiones, por el contrario, son todos los ancianos que compongan el cuerpo pastoral quienes unánimemente tomaran las decisiones y el rumbo de la iglesia.
Una de las múltiples ventajas que tiene el liderazgo plural de ancianos, es usar con mayor eficacia los dones de cada pastor en el desarrollo de la iglesia local. Es así como aquellos que tienen el don de enseñanza más desarrollado, pueden perfectamente enseñar con mayor eficacia,   lo mismo diríamos de los pastores que predican y  administran.
Por último, el gobierno plural de ancianos provee una protección contra las trampas del egoísmo, codicia, desequilibrio y una ambición de poder desmedida, a la que pueden sucumbir los líderes de la iglesia (pastores). Un pastor que rehúsa a rendir cuenta a sus iguales está en peligro de manchar el nombre de Cristo y afectar la salud de la iglesia.