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Para quienes objetan la doctrina bíblica del gobierno plural de ancianos,  dicen que no es posible gobernar cuando comparten la misma autoridad,  ellos preguntan: ¿Quién manda a quien? Otros, en su intento de ser  bíblicos apelan al ejemplo de Moisés, pero, ¿quien fue Moisés y cuál fue su rol? El fue el libertador de pueblo de Israel de la esclavitud Egipcia, nosotros tenemos a nuestro Moisés; Jesucristo, el es nuestro libertador. Pero si detallamos bien la historia del pueblo de Israel, notaremos que después de Josué, no hubo un solo líder, sino que las familias sacerdotales tomaron el liderazgo.
También existen algunos que son un poco más creativos en su afán de estirar las escrituras y hablar donde la Biblia calla. Estos intérpretes dicen: “así como Israel fue gobernado por un  rey, así mismo la iglesia debe ser gobernada por un pastor”.  No existe ningún texto en las escrituras que haga tal comparación, ni siquiera el diccionario de la Real Academia asemeja ambos términos, en concepto y  oficio. Debemos recordar que la nación de Israel fue Teocrática, los reyes cuando fueron colocados por Dios, cumplían estrictamente sus funciones civiles. Las religiosas estaban destinadas a una tribu en específico. 
Algunos dicen que  Apocalipsis cap. 1 apoya el concepto de una iglesia con un pastor. Allí el apóstol Juan habla de los “ángeles” (angeloi) de las siete “iglesias” (v 20). Angelos puede significar “mensajero” y los que defienden la idea de una iglesia-un pastor dicen que los mensajeros aquí y en los cap. 2 y 3 son los pastores de las iglesias.
Existen algunos problemas con esta interpretación, mencionare al menos dos; La primera es que angeloi no se usa en ninguna parte de la escritura para referirse a un pastor, anciano u obispo en el nuevo Testamento. Y cada vez que la palabra angeloi aparece en el Apocalipsis es para referirse a ángeles. 
Segunda, aún si se pudiera demostrar que estos ángeles eran pastores, eso todavía no prueba que no fuesen representantes de un grupo de pastores. Hechos 14:23 dice; Y constituyeron ancianos (PLURAL)  en cada iglesia (SINGULAR), y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído. Énfasis añadido.
Objetar esta doctrina diciendo: “es imposible que se pongan de acuerdo varios pastores con un mismo asunto”, es algo inaceptable, cuando la escritura da ejemplos muy explícitos. (Hc. 6:2) ¿Acaso no habita el mismo Espíritu Santo en todos los pastores y los guía por igual? ¿Ha dejado de ser Cristo la Cabeza de la Iglesia? Es aquí donde entran dos principios claves para el desarrollo de este liderazgo bíblico. Por un lado está el principio de unanimidad, y por el otro, el principio de primero entre iguales.
 Si es cierto que el Espíritu Santo guía la vida de los hombres que llevan el curso de la iglesia, entonces Él colocará el mismo pensamiento y sentir en cuanto a todos los asuntos tocantes a la vida de la iglesia. ¿No fue así que los apóstoles tomaron sus decisiones?
Entendemos de las escrituras que el Espíritu Santo reparte dones de distintas formas y niveles (Rom 12:6; 1 Cor. 12:4;  Ef. 4:8) y eso influye en los hombres que Dios ha capacitados, algunos de ellos vendrán con un don de enseñanza (o administración) más desarrollado que otro. Por eso  nuestro entendimiento en la diversidad y unidad del cuerpo de ancianos, donde habrá hombres con el don de liderazgo más elevado y  pudiese verse como si sobresaliera. Pero no es así, simplemente nuestro buen Dios seguramente le capacito para ser el primero entre sus iguales.
Este principio los romanos lo llamaban primi inter pares,  “primero entre pares”. 
Veamos esto en la escritura; Entre los doce apóstoles Pedro, Santiago y Juan y en ocasiones Andrés, son los primeros entre sus iguales. En algunas oportunidades fueron ellos y no los otros quienes Jesús selecciono para que le acompañase. (Lc. 8:51; 9:28 y Mr. 14:33)
Dentro de estos tres, indiscutiblemente Pedro es el primero entre sus iguales, podemos resaltar el hecho que él aparece de primero en las cuatro listas de los doce. 
Jesús encargo a Pedro que confirmase a sus hermanos (Lc. 22:32) Pedro era sin duda un orador natural, confirmado por Jesús.  El libro de los hecho muestra ricamente como el liderazgo de Pedro se hizo notar en los primeros capítulos del relato del historiador Lucas. (Hc. 2:14; 42: 4:33; 5:12, 18, 29, 42; 6:2-6; 8:14; 9:27)
Sin embargo no podemos dejar de notar como Pablo observa este asunto en Galatas 2:9 “y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión”. Énfasis añadido
Podríamos pensar que esto se limitaba a los apóstoles, cuando escogieron a los siete (Hc.6 ) resaltan claramente a la vista los nombres de Felipe y Esteban, no era que ellos tenían un cargo superior sobre los otros cinco, simplemente por sus dones y capacidades fueron usados.
Otro ejemplo lo vemos entre Pablo y Bernabé en su primer viaje misionero, ambos eran apóstoles, (Hc. 13:1-3; 14:4; 15:36-39; I Cor. 9:1-6) pero Lucas nos relata a Pablo llevando la palabra (Hc.13:13; 14:12) Aunque Pablo era el  más dotado entre los dos, el no tenía ningún rango especial sobre Bernabé. Lo mismo podemos decir de la relación entre Pablo y Silas (II Tes. 2:6)
Esto no significa que los ancianos que son primero entre sus iguales, lleven toda la carga de la iglesia o tengan la última palabra en la toma de decisiones, por el contrario, son todos los ancianos que compongan el cuerpo pastoral quienes unánimemente tomaran las decisiones y el rumbo de la iglesia.
Una de las múltiples ventajas que tiene el liderazgo plural de ancianos, es usar con mayor eficacia los dones de cada pastor en el desarrollo de la iglesia local. Es así como aquellos que tienen el don de enseñanza más desarrollado, pueden perfectamente enseñar con mayor eficacia,   lo mismo diríamos de los pastores que predican y  administran.
Por último, el gobierno plural de ancianos provee una protección contra las trampas del egoísmo, codicia, desequilibrio y una ambición de poder desmedida, a la que pueden sucumbir los líderes de la iglesia (pastores). Un pastor que rehúsa a rendir cuenta a sus iguales está en peligro de manchar el nombre de Cristo y afectar la salud de la iglesia.
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