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La respuesta a este pregunta nos lleva a necesariamente a responder, ¿Qué es el evangelio?, pero antes debemos decir que no lo es. 
Para esto deseo compartirles un material del Pastor Sugel, tomado del libro de Mark Dever: “The Gospel & Personal Evangelism
Evangelizar no consiste en imponer nuestras opiniones religiosas sobre otros:

En una época tan pluralista como la que nos ha tocado ministrar, una de las objeciones más comunes en contra del evangelismo es que nadie tiene derecho a imponer sus opiniones sobre los demás, y mucho menos en algo tan personal como la religión.

Pero lo cierto es que cuando predicamos el evangelio no nos estamos imponiendo sobre los demás, porque el mensaje que debemos proclamar no es una opinión personal, sino un hecho revelado por Dios en Su Palabra.

Cuando un piloto anuncia a los pasajeros que se amarren el cinturón de seguridad porque están a punto de aterrizar, él no está “imponiendo” sobre ellos su opinión o preferencia personal, sino compartiendo un anuncio que puede evitarles un daño o incluso salvarles la vida.

Pues lo mismo ocurre cuando evangelizamos. Nosotros no inventamos el evangelio. Ni estamos tratando de imponer sobre las personas nuestras perspectivas de Dios o de la salvación.

De hecho, ni siquiera podemos imponer sobre los demás el verdadero mensaje de salvación que encontramos en las Escrituras. Nuestra responsabilidad es anunciar el mensaje, sembrar la semilla de la Palabra, pero no tenemos la más mínima capacidad para hacer que esa semilla germine. Eso es algo que nadie puede imponer sobre otro.

Escuchen lo que Pablo escribió a los hermanos de Corinto, los cuales se estaban “alineando” en torno a sus predicadores favoritos.

“¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega es algo, sino Dios, que da el crecimiento” (1Cor. 3:5-7).

Por más efectivo que un predicador pueda ser comunicando el mensaje de las Escrituras, él no tiene el más mínimo poder para hacer que sus oyentes se conviertan. Ningún hombre puede imponer el cristianismo sobre otro.

Evangelizar no consiste en compartir nuestro testimonio:

Con esto no estoy diciendo que sea incorrecto, o que no tenga ningún valor, el hecho de que nosotros compartamos con otros nuestro testimonio personal de salvación. Eso tiene su lugar, tanto entre los incrédulos, como entre los creyentes.

En el libro de los Hechos vemos a Pablo en dos ocasiones compartiendo el testimonio de su conversión. Es estimulante escuchar las diversas maneras como el Señor trata con los Suyos para traerlos a salvación. Alguien dijo una vez que hay un solo camino para llegar al Padre, nuestro Señor Jesucristo, pero que hay muchos caminos para llegar a Cristo.

Pero una cosa es compartir nuestra historia personal de salvación y otra muy distinta compartir el mensaje de la cruz. El testimonio personal puede ser el punto de partida para predicar el evangelio, pero si queremos evangelizar no podemos quedarnos ahí.

Evangelizar no consiste en involucrarnos en obras de bien social:

Y aquí debemos decir lo mismo que dijimos en el punto anterior. Es correcto que los creyentes manifiesten en formas concretas la misericordia del Señor haciendo bien; eso es algo que recomienda el evangelio que predicamos (comp. Mt. 5:16; 1P. 2:12). El Señor espera que los Suyos se involucren en este tipo de cosas (Mt. 25:34-36).

Pero de ninguna manera podemos confundir las obras de bien social con el evangelismo. La tarea de evangelizar implica la comunicación de un mensaje, ya sea de forma oral o escrita. Mientras ese mensaje no sea claramente comunicado a los hombres, allí no ha habido evangelismo, independientemente del bien que podamos hacer a otros.

Cuando sustituimos el evangelismo por las obras de bien social estamos perdiendo de vista que la mayor necesidad del hombre es reconciliarse con Dios contra el cual se encuentra enemistado por causa de su pecado.

Kevin DeYoung dice al respecto: “Las buenas obras pueden adornar el evangelio y son el fruto del evangelio. Pero las buenas obras en sí mismas no son el evangelio. Las personas necesitan escuchar las buenas nuevas de que Cristo vino a salvar a los pecadores”.

Los creyentes debemos hacerle bien a todos según tengamos la oportunidad, dice Pablo en Gal. 6:10, pero sin olvidar que cualquier otro problema humano pasa a ser secundario ante la realidad de que todos nosotros nos presentaremos algún día delante de nuestro Creador para rendir cuenta de nuestras vidas.

Tampoco debemos confundir el evangelismo con la apologética:
La palabra apologética significa presentar defensa de nuestra fe. Y una vez más, eso es algo bueno y necesario. Pedro nos dice en su primera carta que los creyentes deben estar preparados para presentar defensa (del griego “apología”), con mansedumbre y reverencia, ante todo aquel que nos demande una razón de la esperanza que hay en nosotros.

Muchas veces nos toparemos con personas que niegan la existencia de Dios, o que tienen dudas acerca del origen divino de la Biblia. Y nosotros debemos aprender cómo responder a tales personas.

Pero no es lo mismo defender la fe que predicar el evangelio. Presentar pruebas a favor de la inspiración de las Escrituras o de la existencia de Dios es una cosa, transmitir el mensaje de salvación es otra (aunque es posible que en ocasiones tengamos que hacer una labor apologética antes de que podamos proclamar el mensaje del evangelio).

Por otra parte, creo que es a lugar la advertencia de Mark Dever de que la apologética tiene sus peligros. Uno de ellos es que sin querer podemos confirmar a alguien en su incredulidad por nuestra inhabilidad de responder ciertas preguntas, algunas de las cuales no tienen una respuesta de este lado del cielo.

Por más buen apologeta que una persona pueda ser, nadie en este mundo puede responder todas las preguntas que la gente se hace en relación con la revelación bíblica. Pero como bien señala el pastor Dever, “el hecho de que no lo sepamos todo no quiere decir que no sepamos nada” (pg. 78).

A partir de lo que Dios sí ha revelado podemos dar a conocer a los hombres la condición en que se encuentran delante de Él, y la solución que Él mismo ha provisto para que podamos ser salvos. No nos dejemos intimidar por el hecho de que no tenemos todas las respuestas, porque no existe un solo ser humano en el mundo que las tenga.

Otro peligro de la apologética es que puede distraernos de comunicar el mensaje que los pecadores necesitan escuchar. En ese sentido debemos estar alertas para no dejarnos arrastrar por la agenda de los incrédulos (cuando los pecadores se sienten entre la espada y la pared con respecto a su pecado, muchas veces tratan de desviar la atención como hizo la mujer samaritana con el Señor Jesucristo, y de repente comienzan a preguntar por la esposa de Caín, o qué pasó con los indios que nunca escucharon el evangelio, o si hay vida en otros planetas).

Cristo tiene Su propia agenda: que los hombres conozcan cuál es su verdadero problema y la solución que Dios ha provisto para resolverlo; esa es la agenda que debemos seguir a final de cuentas.

No debemos confundir el evangelismo en sí con los frutos del evangelismo:

Esa es una distinción muy sutil, pero sumamente importante. Nosotros tenemos la responsabilidad de predicar el evangelio, pero no tenemos ni la capacidad ni la responsabilidad de convertir a nadie.

Como veíamos hace un momento, eso es algo que no está en nuestro poder. Como dice John Stott: “Evangelizar no significa ganar convertidos… sino simplemente anunciar las buenas nuevas, independientemente de los resultados” (cit. por Dever, pg. 79).

Nosotros debemos ser fieles comunicando el mensaje, pero ese mensaje no tendrá siempre el mismo efecto en aquellos que escuchan (comp. 2Cor. 2:15-16 – el mismo mensaje puede tener resultados distintos; esa es, en parte, la enseñanza del Señor en la parábola del sembrador).

Si no distinguimos entre el evangelismo y sus frutos dos cosas pueden suceder: la primera es que nos sintamos tan frustrados por la falta de resultados visibles que entonces dejemos de evangelizar; la segunda, es que recurramos a técnicas humanas en busca de resultados.

Mark Dever dice al respecto: “¿Quién puede negar que mucho del evangelismo moderno ha venido a ser emocionalmente manipulador, procurando simplemente provocar una decisión momentánea de la voluntad del pecador, pero descuidando la idea bíblica de que la conversión es un acto sobrenatural y bondadoso de Dios a favor del pecador?” (pg. 80).

¿Qué es, entonces, evangelizar? John Cheeseman lo define de esta manera: “Es declarar, en base a la autoridad de Dios, lo que Él ha hecho para salvar a los pecadores, advirtiendo a los hombres de su condición perdida, guiándolos a arrepentirse, y a creer en el Señor Jesucristo” (cit. por Dever; pg. 80).

Como dice Pablo en 2Cor. 5:20, nosotros “somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él”.

Evangelizar no es otra cosa que dar a conocer a los hombres ese mensaje de reconciliación: El hombre está en problemas con Dios por causa de sus pecados, porque Dios en Su justicia dará a cada uno lo que merece; pero Él mismo proveyó el medio a través del cual Su justicia quedó plenamente satisfecha y los pecadores pueden ser perdonados: la obra redentora de Su propio Hijo, nuestro Señor Jesucristo, de la cual nos apropiamos por medio del arrepentimiento y la fe.

Seamos fieles comunicando el mensaje, vivamos en consonancia con nuestra predicación, y dejemos los resultados en las manos de Dios , que son infinitamente mejores y más confiables que las nuestras.

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Por Sugel Michelén

No sólo debemos estar conscientes de nuestra necesidad espiritual, como vimos en la entrada anterior, sino que también debemos ver a Cristo como el único que posee todo aquello que necesitamos para suplir plena y exclusivamente todas nuestras necesidades espirituales.

Y lo que voy a hacer ahora es explicar algunos elementos vitales de ese conocimiento de Cristo que es necesario para ser salvos.

En primer lugar, ese conocimiento debe ser revelado al pecador.

No se trata de algo que aprendemos por nosotros mismos, una conclusión que derivamos de nuestro propio intelecto, no; es algo que debe ser revelado. Cristo mismo dice en Jn. 6:44-45:

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí”.

Es Dios el Padre quien nos revela a Cristo en su verdadera dimensión para que entendamos que Él es el Único que puede suplir nuestra necesidad.

Cuando el Señor preguntó a los discípulos qué pensaban ellos acerca de Él y Pedro respondió diciendo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, el Señor le hizo ver que eso no era algo que Pedro había llegado a entender por sí mismo: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”.

Es el Padre quién revela a Cristo en el corazón de los pecadores como el único que puede suplir plenamente nuestra necesidad.

En segundo lugar es en las Escritura donde encontramos un testimonio fidedigno acerca de la Persona de Cristo.

Cuando el Señor nos dice en Jn. 6:45 que todo aquel que aprendió del Padre viene a Él, no quiere decir con esto que Dios nos habla a través de una voz audible, ni a través de sueños para guiarnos a Cristo; se refiere al testimonio escrito que nos ha dejado de Su Hijo en Su Palabra. “Son las Escrituras, dice Cristo, las que dan testimonio de mi, y sin ese testimonio nadie puede venir a Mi” (comp. Jn. 5:39).

Es por esa razón que las predicaciones evangelísticas deben ser exposiciones cuidadosas de las Escrituras. Un evangelista no es un individuo que posee una personalidad atrayente, y una oratoria fascinante y convincente. Ese es el concepto que se tiene hoy día de lo que es un evangelista, pero no es el concepto que encontramos en la Palabra de Dios.

El concepto bíblico de un evangelista es la de ese hombre que explica a sus oyentes lo que Dios dice acerca de Sí mismo en Su Palabra, lo que dice del pecado, del infierno, lo que dice acerca de Cristo y de la redención que efectuó en la cruz del calvario.

La tarea del evangelista es sembrar la semilla de la Palabra, no provocar “decisiones” (comp. Mt. 13:1-9 y 18-23). Es por eso que alguien ha dicho con sobrada razón que las reuniones evangelísticas no deben medirse por los resultados visibles producidos, sino por las verdades que han sido proclamadas.

Lo que debemos preguntar no es el número de personas que levantaron sus manos y pasaron al frente. Debemos preguntar más bien acerca del contenido de la predicación, porque es eso, y no ninguna otra cosa, lo que determinará si una reunión fue o no evangelística desde el punto de vista de Dios.

Lamentablemente, debemos decir con pena y dolor que si evaluáramos muchas de las supuestas reuniones evangelísticas que se llevan a cabo hoy día a través de esa norma, llegaremos a la conclusión de que muchas de ellas no pasan de ser simple entretenimiento religioso. Mucha música, muchos testimonios extraordinarios, un predicador que posee una personalidad muy atrayente, y una oratoria electrizante, pero poca Escritura.

¡Eso no es evangelismo! ¿Cómo vendrán a Cristo los pecadores si no han sido realmente enseñados por Dios a través de Su Palabra?

Hemos dicho, entonces, que venir a Cristo implica una revelación de Cristo en el corazón de los pecadores, y que las Escrituras es el instrumento a través de la cual se produce dicha revelación. Pero ahora debemos avanzar un paso más hacia adelante y decir…

En tercer lugar, que el asunto primordial de esa revelación es Cristo como Mediador.

El mensaje que Dios el Padre revela al pecador a través de las Escrituras para que venga a Cristo tiene como su tema central y primordial la persona de Cristo como el Mediador que Dios ha provisto, como el único puente a través del cual los pecadores podemos llegar hasta Él.

No se trata simplemente de conocer algunos episodios de la historia que se nos narra en los evangelios acerca de la vida de nuestro Señor Jesucristo. Muchos conocen estas cosas y no por eso son salvos.

De lo que se trata es de conocer y entender la naturaleza de Su Persona, y la obra que hizo en la cruz para salvar a pecadores. ¿Quién es Cristo realmente? ¿Por qué murió en una cruz? ¿Por qué nadie puede salvarse si no es por medio de Él?

Las Escrituras dicen de Cristo que Él es Dios hecho Hombre, perfecto en Su humanidad, perfecto en Su divinidad; y si alguien no acepta este claro testimonio de las Escrituras es porque no está siendo enseñado por el Padre, y por lo tanto, no puede venir a Él.

Precisamente porque Cristo es Emanuel, Dios con nosotros, Dios manifestado en carne, es que hay esperanza para el pecador. Dios ha puesto un puente entre nosotros y Él, un sólo puente: Nuestro Señor Jesucristo (comp. 1Tim. 2:5).

Ningún pecador se salvará porque le digamos sin cesar: “¡Ven a Cristo, ven a Cristo!” Ese es uno de los problemas que tienen esas vallas que vemos en las calles, o las calcomanías que se pegan en los carros (algunas muy grotescas por cierto).

Si no explicamos a los pecadores quién es ese Cristo y cómo ha provisto salvación para los pecadores, no podrán venir a Él. Cuando el pecador puede ver a través de las Escrituras la gloria de Cristo, ya no contempla únicamente su profunda necesidad espiritual, sino que sabe ahora que hay Uno que puede suplirla plenamente en Su Persona y en Su obra.

Pero hay algo más. El Agente que obra en nosotros para que podamos comprender estas verdades y aceptarlas en nuestro corazón es el Espíritu Santo. Si no es efectuada en nosotros una obra del Espíritu de Dios no podríamos ver a Cristo como Aquel que puede suplir plenamente para nuestra necesidad.

Para que podamos ver algo necesitamos dos cosas; luz y un órgano de la vista sano que tenga la capacidad de percibir esa luz. Si falta cualquiera de estos dos elementos no podremos ver. Pues lo mismo ocurre en el reino espiritual. Para ver a Cristo necesitamos la luz de las Escrituras, pero necesitamos también una visión espiritual sana para poder recibir esa luz.

Noten lo que dice el mismo Cristo en Jn. 5:39-40: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida”.

Las Escrituras que ellos examinaban estaban llena de luz, y sin embargo, no querían venir a Cristo. ¿Cuál era el problema? ¿No había suficiente luz en las Escrituras? Por supuesto que sí, pero ellos estaban ciegos espiritualmente (comp. 2Cor. 4:3-4). El diablo no ciega a los pecadores únicamente para que sean inmorales, o para que sean irreligiosos y profanos, no.

El los ciega para que no vean a Cristo como el único que puede suplir para sus necesidades espirituales (comp 1Cor. 2:14). No que no puedan entender los hechos revelados en la Biblia; ellos pueden entender esto, pero no entenderán que en esos hechos se encuentra su única esperanza para ser salvos, para escapar de una condenación sin fin.

Para ellos ese mensaje es una necedad (comp. 1Cor. 1:18 y 2:14); para nosotros es el mensaje más extraordinario que alguna vez hemos oído: que por medio de la fe en Cristo, Su obediencia perfecta es puesta en nuestra cuenta, y Su muerte es aplicada a nuestra deuda para ser entonces aceptados como hijos por el Padre. Eso es el evangelio y ese es el mensaje que los pecadores necesitan escuchar para ser salvos.


© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

Una de las cosas que más me molesta en situaciones donde se debaten distintos puntos de vista, es cuando se sataniza una posición para dar por válida y certera la otra. Para colocarnos en contexto, quienes nos adversan a nosotros los bautistas reformados, no hacen otra cosa sino decir: “cuidado con la doctrina de la teología reformada, es muy peligrosa”. De hecho, se han escrito documentos y reportajes con este tipo de enunciados.
En las iglesias de nuestro país (Venezuela) solemos escuchar a los maestros y predicadores decir públicamente: “Cuidado con la teología reformada, es peligrosa”.  ¿Creen Uds. apreciados lectores que está es la forma y la  manera de tratar con un asunto que para ellos es delicado? Me pregunto yo: ¿Por qué no le dicen a su congregación que la estudien y vean si realmente “existe un peligro”? No será acaso que las bases doctrinales de esas iglesias son tan escuetas que su argumento es bajo y deplorable, que cualquier joven que estudie la doctrina de la teología reformada se persuada que es la verdad bíblica e histórica.
Definamos que es la teología reformada, y me gusta esta definición que tengo de un anciano de una iglesia bautista reformada en Miami. Dice:
“La palabra reforma puede ser vista desde varias perspectivas:
· Etimológicamente significa devolverle su forma a lo que se ha deformado.
· Históricamente se refiere a la reforma protestante que comenzó en Suiza y Alemania con Ulrico Zinglio y Martin Lutero y luego se extendió por toda Europa e Inglaterra con Juan Calvino, Juan Knox y los puritanos ingleses en los siglos dieciséis y diecisiete.
· Doctrinalmente tiene que ver con las doctrinas y los principios bíblicos restaurados durante el periodo de la reforma.
· Espiritualmente es el resultado de la transformación constante que estas doctrinas y principios producen en el cristiano y la iglesia cuando son implementadas en la práctica.
¿Qué es la Teología Reformada?
La Teología Reformada abarca todos los aspectos de la palabra reforma.
· Primero, porque busca reformar—devolverle la forma original al cristianismo.
· Segundo, porque tiene una conexión histórica con la era de la reforma y los reformadores.
· Tercero, porque sostiene los principios teológicos recobrados durante la reforma y expresados en las confesiones reformadas (el Catecismo de Heildeberg, la Confesión Belga, los Cánones de Dort, la Confesión y los Catecismos de Westminster y la Confesión de Londres de 1689).
· Cuarto, porque sus principios doctrinales producen una continúa reforma en los que la creen y la viven.” Pastor Víctor B. García
Ahora veamos brevemente lo siguiente:
Los Lemas de la Reforma
Los reformadores del siglo dieciséis sintetizaron la esencia de la teología reformada en cinco lemas que acostumbraban a expresar en latín:
1) Solo la Escritura (Sola Scriptura)
2) Solo por la fe (Sola Fide)
3) Solo por gracia (Sola Gratia)
4) Solo Cristo (Solus Cristhus)
5) Solo a Dios la Gloria (Soli Deo Gloria).
Esto nos muestra que la esencia de la teología reformada no es otra cosa que el énfasis en la autoridad de la Escritura, la proclamación de la necesidad de la fe, la exaltación de lasDoctrinas de la gracia, la declaración de la suficiencia de Cristo y la búsqueda de la gloria de Dios.” Pastor Víctor B. García
Una de los dos bloques doctrinales que distinguen a los reformados son las doctrinas de la gracia y la teología del pacto. Pero solo me limitare a mencionar la mas cuestionada; “las doctrinas de la gracia”
Depravación Total –todo ser humano ha sido corrompido por el pecado a tal extremo que no puede ser salvo ni por sus obras ni por su fe natural.
Elección Incondicional – la elección y la fe salvadora son un don de Dios. Él elige incondicionalmente, desde antes de la fundación del mundo, a los que han de ser salvos.
Expiación Particular – la muerte de Cristo es suficiente para expiar los pecados de todo el mundo pero su eficacia salvadora está limitada particularmente a los elegidos.
Gracia Irresistible – en su gracia soberana Dios llama y regenera eficaz e irresistiblemente a sus elegidos para salvación.
Perseverancia de los Santos – Dios preserva a sus elegidos para salvación y les da la gracia, el poder y la provisión para perseverar hasta el fin.
He aquí una síntesis de síntesis de la teología reformada. Pregunto: ¿Existe algún peligro en creer lo que dice Ef. 2:1 “cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”? Existe algún peligro en creer lo que dice Pablo en su carta a los romanos: Rom 3:10  Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;  Rom 3:11  No hay quien entienda,  No hay quien busque a Dios. Rom 3:12  Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles;  No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. (Pablo hace  es citar Sal 14 y 53)
¿Existe algún tipo de peligro creer lo que la biblia enseña acerca del hombre? No sé cómo será la practica en otros países, pero aquí en Venezuela, las iglesias bautistas fundamentalistas (entre otras), suelen ir a evangelizar puerta por puerta todos los sábados de manera regular. Me llama mucho la atención que ellos en sus “cuatro leyes espirituales” o su “ritual para evangelizar”, utilizan Rom. 3:10-12.
Apreciado lector, note la siguiente inconsistencia, ellos le dicen a la gente: “Busca de Dios”, “escucha lo que tengo para decirte”,  “entiendes lo que Cristo hizo por ti” Le dicen estas cosas y mas, cuando al principio le leyeron Rom 3:10-12. Que dice Rom 3:10-12 No hay quien entienda” “No hay quien busque a Dios” Me pregunto yo: ¿Donde realmente estará el peligro doctrinal? Porque estas incongruencias, explican como en fantásticos 5 a 10 minutos de explicar su evangelio, enseñado en su iglesia, dicen una oración de 2 minutos. Y ya eres salvo!!!. Lo llevan a la iglesia, lo bautizan, y es miembro. Pero no pasan ni tres meses cuando esa misma persona que dijo recibir a Cristo está viviendo su vida licenciosa de pecado.
Entonces, ellos ante este problema se inventaron la doctrina del cristiano carnal, otros más astutos dicen: “es que falto discipular  más”. No, no, no… eso no es lo que sucede, lo que ocurre es que predican un falso evangelio, creen que ellos con su labor sábado a sábado están “ganando almas” (yo diría engañando almas) y no están siendo convertidas por quien Cristo dijo que convencería al mundo de pecado; el Espíritu Santo.  (Juan 16:8) Sin embargo, Dios utiliza esos medios para traer a pecadores al arrepentimiento, porque no es de hombres la labor, ni la salvación, sino de Dios.
Más adelante  observaremos de cerca esos supuestos peligros de la teología reformada, según nuestros amigos arminianos y semipelagianos.
Quería concluir con las palabras de apóstol Pablo, porque el también lidio con el asunto de tener contemporáneos que predicaban a Cristo por otros motivos.
Fil 1:18  ¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún.


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Herejías Recicladas
Si hacemos una interpretación correcta de la Biblia, ella no nos dejará torcer sus enseñanzas para que se ajusten a nuestros deseos.  Si la interpretamos con justicia, no nos permitirá creer cualquier cosa.  Como dice James Adams, la Biblia opera en lo que podría llamarse “enseñanza por antítesis”
Unidad y falta de Unidad
¿Dónde trazamos la línea?, ¿en qué momento sabemos si vale la pena luchar por una doctrina?  Algunos insisten en que usemos las traducciones más antiguas de la Biblia, otros creen que sólo quienes se acogen a alguna forma de teología de la bendición adicional son en realidad llenos del Espíritu Santo.  No es incorrecto tener convicción de  ese estilo mientras se entienda que no son cuestiones fundamentales y que no deben romper el compañerismo fraternal.
Ejemplo: ¿Qué debe decirse acerca del bautismo de infantes?, algunos lo interpretan como una señal del pacto que demuestra la inclusión del recién nacido en la esfera de la bendición  de salvación de Dios. No estoy seguro si entiendo con exactitud lo que esto significa, ¿acaso es una señal de que el niño se salvará algún día en el futuro o es una señal de que los padres prometen criar al infante para que crea en Cristo? De todas maneras, puedo respetar su punto de vista.
Entonces ¿Qué es Herejía?
La Biblia emplea la palabra herejía en dos sentidos.  Pablo se refirió a las divisiones entra las Iglesias en términos de facciones que se oponían entre sí con base en ciertas disensiones y la traducción literal de esta palabra es herejías (1 Corintios 11:19).  Algunas de estas divisiones son entre creyentes, y al definirse de este modo carnal que rehúsa aceptar la verdad revelada, puede llamarse hereje.  Creo que en ese sentido Pablo uso esa palabra en Gálatas 5:19-20, al decir que las disensiones y las herejías son obras de la carne.
El segundo uso de la palabra se refiere a aquellos que se aferran a desviaciones doctrinales graves.  Pedro habla acerca de herejías destructoras que niegan a Jesús  como Señor (2 Pedro 2:1).  Roberth Bowman en su libro Ortodoxia y herejía, define esta palabra como “una enseñanza que se opone de forma directa a los puntos esenciales de la fe cristiana, de tal modo que los cristianos verdaderos se ven en la obligación de dividirse con respecto a aquellos que la acojan.
¿Cómo volver a los principios básicos?
Para hacer teología, como dicen algunos, debemos hacer uso del pensamiento antiético.  Esto significa que si afirmamos una doctrina, también debemos negar su opuesto.  Este razonamiento es la base de toda racionalidad y constituye una función necesaria de la mente humana.  Además este razonamiento es compatible con las enseñanzas de la Biblia.
Por ejemplo, tomemos la siguiente declaración: “La Biblia es la única palabra de Dios para nosotros”.  Si esto es verdad quedan excluidas todas las demás fuentes y autoridades de revelación.  Excluye las tradiciones del catolicismo romano como medios de revelación, excluye el libro del mormón, el Corán y la Vedas.  También excluye los libros de Mary Ellen White, fundadora del Adventismo y la de Mary Baer Eddy, fundadora del cristianismo científico.
Pablo advirtió a los creyentes de Galacia que algunos en medio de ellos trataban de pervertir el evangelio de Cristo.  Luego añadió: “Más si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea antema”.  Como antes hemos dicho, ahora también lo repito: “Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema” (Gal. 1:8-9).
Trate de imaginarlo, un ángel viene y nos dice que el camino al cielo consiste  en ser personas amorosa y decentes.  Quizá le sorprenda la cantidad de personas que estarían dispuestas a creer tal revelación.  Prueba de esto es que el libro de mormón fue revelado por un ángel que dio la revelación de un evangelio por completo diferente a José Smith, y millones de personas han credo ese mensaje.
¿Qué es el Evangelio?
¿Acaso es sólo creer en Jesús? No, porque existe también muchas sectas falsas que creen en Jesús.
Para lustrar la manera correcta de hacer teología, haré una presentación de las doctrinas básicas del evangelio pero también mostraré lo que se niega y lo que se afirma.
Proposiciones del Evangelio
1.    Nosotros afirmamos que Dios es santo.  Esto significa que Dios es apartado, distinto, puro y por completo, otro, es decir, distinto y apartado por completo de las criaturas.
El dios de la religión civil tampoco es el Dios de la Biblia.
2.     Afirmamos que Jesús es Dios en la carne, 1Juan 4:1-3
Nosotros negamos que Jesús de Nazaret pueda separarse de Cristo y negamos que exista un Cristo gnóstico o universal que se pueda encontrar en todas las religiones del mundo.  También negamos la doctrina de los testigos de Jehová que enseñan que Cristo es un ser creado.  Debemos rechazar las enseñanzas del seminario de Jesús que afirma que Cristo es sólo un ser humano.
Estas doctrinas nos ponen en conflicto directo con el islamismo, el cual enseña que la encarnación es blasfemia.  Para un musulmán, la afirmación de Jesús como Hijo de Dios significa que el Padre tuvo que haber sostenido relaciones sexuales con María y el resultado fue el Hijo de Dios.  Por tanto debemos señalar que creemos en una trinidad espiritual y no física.
3.    Afirmamos la expiación por sustitución.
Pedro escribió: Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios (1 Pedro 3:18). Significando con ello, que Cristo recibió el castigo que merecíamos y pago la deuda de aquellos que aprovechan su sacrificio.
Negamos que Dios pueda salvarnos a causa de su amor pero aparte del sacrificio de Cristo.  También negamos que existan otros mediadores entre nosotros y Dios, sean vivos, muertos, santos o ángeles.  También negamos que Mahoma, Krisna o cualquier otro guía espiritual, maestro o profeta este calificado para morir en nuestro lugar y de esa manera llevarnos a Dios.
4.    Afirmamos que somos pecadores por naturaleza y por elección voluntaria.
Pablo escribió: “Estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1). Nuestra pecaminosidad impide cualquier contacto con Dios en nuestra propia iniciativa.  Somos incapaces de hacer contribución alguna a nuestra salvación.
Negamos todas las formas de salvación por obras que se encuentran en el catolicismo o en religiones no cristianas.  Negamos la posibilidad de perfeccionamiento automático de la naturaleza humana y la creencia de que Dios este en la obligación de salvarnos a causa de nuestra bondad inherente.
5.    Afirmamos que el único medio para recibir la salvación es la fe.
En tal sentido concluimos que el hombre es justificado por la fe sin las obras de la ley (Rom. 8:28).  En consecuencia, la salvación debe ser un don gratuito porque carecemos en absoluto de la justicia y la rectitud que tanto necesitamos.  Esas es la razón por la que somos salvos al aceptar a Cristo como el único que pagó la deuda de nuestro pecado.
Negamos que la salvación pueda ser  mediada por sacramentos como el bautismo, la comunión y otros semejantes.  Negamos que el don de la salvación llegue a ser nuestro por medio de un proceso de cooperación entre nosotros y Dios.
6.    Afirmamos que la seguridad de salvación viene como resultado de descansar en la suficiencia de la obra de Cristo a favor nuestro.
“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida esta en su Hijo.  El que tiene al Hijo tiene la vida, el que no tiene al Hijo no tiene la vida.  Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1Juan 5:11-13).
Negamos que la seguridad de salvación esté basada en nuestras obras, aunque estas son evidencia de la fe que salva.  Negamos que podamos tener seguridad a través de cualquier ritual de la Iglesia o nuestra propia sinceridad y buenas obras.  Si creemos que cuando Jesús murió y resucitó hizo todo lo que necesario para que seamos recibidos en la presencia de un Dios santo, y si acogemos para nosotros lo que El hizo a favor nuestro, seremos salvos y los sabremos.

LA NECESIDAD DEL EVANGELIO

Publicado: abril 5, 2010 en Adán, evangelio, Redención

La veracidad de  una doctrina no se comprueba por nuestra habilidad de comprenderla o de reconciliarla con nuestro entendimiento. 
Paul Washer
¿Por qué es necesario el evangelio?
A causa del hombre, su pecado y consecuencias.
Es necesario Definir PECADO por la inmensa variada de conceptos distorsionados que han surgido  con el fin de justificar al hombre y sus actos.
DEFINICIONES DE PECADO:
·        El pecado es la no conformidad o el no poder cumplir plenamente la ley de Dios. Un pecado de omisión es el fracaso de hacer lo que Dios ordena. A este se refiere Santiago cuando dice: “y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Stgo. 4:17).
·        El pecado es definido como transgredir la ley de Dios. En este caso hablamos de un pecado por comisión, es decir, cuando cometemos acciones prohibidas. El pasaje clave es 1 Juan 3:4. La frase  “infracción de la ley” transmite la idea de una persona que vive sin tomar en cuenta la ley. Es claro que Pablo no se refiere ni a la ley de los romanos ni a la ley de los fariseos. Pablo se refiere a la ley moral de Dios (Romanos 8:7). Notemos que Pablo citó el décimo mandamiento de la ley moral para identificar un pecado. No hay conducta moral que sea pecado y que no caiga dentro de los 10 mandamientos, pues ellos se aplican a todas las esferas. Una implicación de esto es que si el pecado es la violación a la ley de Dios, entonces debemos predicar sobre la ley, pues ella expone o saca a la luz el pecado (Romanos 3:20; 7:7). No se trata de predicar la ley para salvación, sino para traer convicción de pecado y preparar el corazón para recibir el evangelio.
·        El pecado como una mala representación del carácter de Dios. La ley moral de Dios no es una regla arbitraria que se le ocurrió a Dios. Ella es un reflejo del carácter santo de Dios mismo (Levítico 19:2). Jesús habló de este mismo principio en Mateo 5:20-47, donde enfatizó que debemos ser perfectos como el Padre que esta en el cielo. Esto está en perfecta armonía con la idea del hombre como imagen de Dios o replica visible. Pero el hombre cayó y la imagen de Dios se ha distorsionado o fracturado. El hombre es ahora una representación difamadora de lo que Dios es. Conformarse a la ley de Dios es reflejar el carácter santo de Dios, mientras que no conformarse a la ley de Dios seria una mala representación del carácter de Dios (Romanos 3:23). La importancia práctica de ver      el pecado de esta manera es que el pecado es mucho mas que violar las reglas éticas, es una afrenta personal a su carácter Santo.
A la luz de las definiciones dadas acerca del pecado, se hace necesario resaltar
Algunos aspectos que se derivan de estas definiciones:
El Pecado es un tipo específico de mal. Muchas son las personas que tienden a definir el pecado como el mal. La realidad es que aunque todo pecado es malo, no todo mal es pecado. La enfermedad, por ejemplo, puede catalogarse como “mal”, pero no como pecado. Así que, el pecado es un tipo específico de mal, un mal moral, del que el hombre es directamente responsable y por el cual debe ser condenado.
El pecado esta siempre relacionado a Dios y a su voluntad. La teología moderna insiste en interpretar el pecado en términos sociales, es decir, con referencia al prójimo. Pero, como hemos visto, el pecado es un concepto teológico, no meramente un concepto social. No pudiéramos hablar de pecado si Dios no esta en actuación. Por esto es que todos los intentos modernos de definir el pecado fracasan. Cuando José fue seducido por la mujer de Potifar, José expresó que su pecado era una ofensa contra Dios. Es la misma perspectiva de David en el Salmo 51:4 cuando dice: “Contra Ti he pecado y hecho lo malo delante de Tus ojos”.
El pecado incluye tanto la culpa como la corrupción. El pecado incluye ante
todo culpa, es decir, una trasgresión a la ley de Dios, que hace a los hombres dignos de castigo (Mat. 6:12; Rom. 3:19; 5:18; Ef. 5:2). El pecado incluye también corrupción, una corrupción inherente a la cual esta sujeto todo pecador. La  corrupción del pecado es ensenada claramente en las Escrituras (Job 14:4; Jer. 17:9; Mat. 7:15-20; Rom. 8:5-8; Ef. 4:17-19).
El pecado no consiste solo en actos exteriores. La Biblia enseña que el pecado no es solo actos exteriores aislados, sino que también incluye hábitos pecaminosos y condiciones pecaminosas del corazón, donde la condición pecaminosa del corazón es la base de la corrupción y la corrupción produce actos pecaminosos. El punto aquí es que la Biblia enseña que también los malos pensamientos, sentimientos e intenciones del corazón también han de ser vistos como pecado (Mat. 5:22-28; Rom. 7:7; Gal. 5:17,24).
Efectos de la Caída
Así que, la incredulidad fue la causa de su caída. Ellos estaban perfectamente Consientes, sin embargo, usaron sus facultades para responder a las demandas de una criatura en desafío del creador. Luís Berkhof destaca que en este primer pecado, todas las facultades de Adán participaron:
En el intelecto: Se reveló a sí mismo como incredulidad y orgullo (Gn. 3:17).
En la voluntad: El deseo de ser como Dios (Gn. 3:5).
Los afectos: Sintió satisfacción impía de comer del fruto prohibido (Gn. 3:6).
A) El hombre perdió su inocencia original.
1- El hombre se convierte en un pecador culpable. Al violar la ley de Dios merecían un castigo y por eso se esconde del Creador.
2- El hombre se convierte en un pecador corrupto. Ellos vinieron a ser maduros en un sentido negativo.
B) La imagen visible de Dios se estropea. Después de la caída, la imagen de Dios
no quedó destruida sino pervertida o distorsionada. La imagen en su sentido estructural siguió estando ahí, pero a partir de ahora el hombre comenzó a utilizar dichos dones en formas contrarias a la voluntad de Dios.
La caída afectó a todas las maneras en que el hombre es como Dios. En cuanto a su constitución, la caída afectó todas las facultades del ser humano: su mente, sus afectos y su voluntad. Algunos creen que algunas partes y no todas han sido afectadas por la caída (depravación parcial). Pero la realidad es que la caída ha afectado toda la constitución humana (Isaías 1:5; Efesios 2:1). El hombre aun tiene la habilidad de comunicarse, pero su lengua es ahora pervertida; el hombre tiene emociones y voluntad, pero la Biblia enseña que todas estas cosas han sido afectadas por el pecado de tal manera, que ahora son usadas contra Dios.
C) La presencia especial de Dios es quitada. Como resultado del primer pecado, el hombre no tenia acceso libre a la presencia de Dios. Ellos se alejaron tanto de la presencia de Dios, que cuando Dios se acerca a ellos después de pecar, ellos se sienten mal. Sus iniquidades causaron separación entre ellos y Dios.
D) La maldición judicial de Dios es ejecutada. Génesis 3 nos enseña que Dios
dictó sentencia sobre las tres partes involucradas (La serpiente, la mujer y el hombre). Debido a que la serpiente contribuyó a la caída del hombre, recae sobre ella una maldición. Dios maldijo a la serpiente por encima de todos los animales domésticos y salvajes: “Te arrastraras sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida” (v. 14). Obviamente, las palabras de este texto nos conducen más allá de la serpiente, nos conducen hasta el poder maligno que estaba detrás de ella: Satanás.
 E) El pecado de Adán es transmitido. Dado a que el pacto con Adán lo incluía a el y a sus descendientes, su pecado no solo lo afectó a el, sino también a toda su posteridad. Sobre esto comenta Calvino: “Con su alejamiento (Adán) arruinó a toda su posteridad, pues con ello pervirtió el orden de la naturaleza en el cielo y en la tierra (Rom. 8:20-22). Esta es la corrupción que nos viene por herencia, llamada también “pecado original” y por ella somos todos culpables o “hijos de ira” (Ef. 2:3)”.
F) El plan de la redención de Dios es prometido. La caída del hombre no sólo
precipitó el juicio de Dios, también motivó la misericordia y la gracia de Dios. Dios estaba determinado a no perder la obra de sus manos. En medio de la hora mas oscura del hombre, Dios incluye la promesa de la redención (Génesis 3:15).

Parecerá repetitivo para algunos el tema que quiero exponer en esta ocasión, pero los comentarios que sigo escuchando en muchas partes con respecto a la Reforma y a lo que pretendemos los que estamos impulsando la Reforma en las iglesias, me ha hecho pensar que es necesario seguir aclarando cuál es nuestro interés. La reforma no se adhiere a principios que algún hombre solitario en la historia quiso abrazar, sino a principios que por siglos, los verdaderos cristianos han defendido, en atención al llamado apostólico de Judas 3.
Entonces, voy a describir primero lo que la Reforma NO significa y algunos entendimientos incorrectos sobre la reforma.
1. La reforma NO propone modificaciones innovadoras, desconocidas para la iglesia en siglos anteriores.
2. La reforma NO afirma que antes de nosotros nadie ha entendido correctamente el Evangelio, ni que el verdadero Evangelio estuvo oculto hasta que cierto personaje lo re-descubrió. Eso lo hacen las sectas.
3. La reforma NO obliga a desechar todas las tradiciones, solamente aquellas que son contrarias a las Escrituras
4. La reforma NO afirma que los Reformadores del siglo 16 sean infalibles o que no cometieron errores
Lo que queremos dar a entender cuando propiciamos la Reforma o que hablamos de extender la llama de la Reforma es lo siguiente:
1. Las iglesias no necesitan innovaciones ni nuevos métodos producidos por la mente humana, así como tampoco la implementación de algún “nuevo mover” del Espíritu Santo basado en prácticas sensacionalistas o emocionales. Lo que la Iglesia SÍ necesita es volver al modelo sencillo de la iglesia primitiva, a la doctrina de los apóstoles y a la predicación pura del Evangelio.
2. La reforma, lejos de pensar que nadie antes ha entendido el Evangelio, promueve la lectura de los escritos de todos los hombres de Dios que durante siglos defendieron la pureza del Evangelio, pero sobre todo, volver a la autoridad y suficiencia de las Escrituras.
3. La reforma urge a las iglesias a abandonar las prácticas y costumbres que se han añadido a la iglesia, que no tienen un claro apoyo escritural y a incluir las prácticas que, por negligencia y conveniencia, se han dejado de lado, pero que corresponden a mandamientos claros del Señor.
4. La reforma reconoce en los Reformadores del siglo 16 a hombres providencialmente usados por Dios para despertar las conciencias de muchos y romper el monopolio y el gobierno déspota de Roma sobre las conciencias de los cristianos. Imitaremos a estos hombres en cuanto ellos fueron imitadores de Cristo, pero no les seguimos ciegamente.
La reforma utilizó ciertos lemas que identificaron los principios de este movimiento, el cual consideramos el mayor avivamiento en toda la historia de la Iglesia. Los lemas fueron estos:
SOLA SCRIPTURA.
Los reformadores urgieron a la Iglesia a volver a las Escrituras y a regirse únicamente por ellas, rechazando la autoridad de concilios y cualquier líder religioso que contradijera en alguna forma los princpios bíblicos.
Reconocemos a las Sagradas Escrituras como la única regla de fe y de práctica. Reconocemos que la Biblia es suficiente, que no necesitamos ninguna revelación adicional y que ningún ser humano, ninguna organización o iglesia tiene autoridad igual ni superior a las Escrituras. Dios ha revelado en la Biblia todo lo necesario que debemos conocer sobre Él y todo lo que Él pide de nosotros.
SOLA GRATIA
Los reformadores afirmaron que la salvación era un regalo inmerecido, otorgado por Dios y que era solamente obra de Dios. Las obras de los hombres no tienen ningún mérito en cuanto a la salvación. Dios salva a los pecadores para la alabanza de la gloria de Su gracia. Los que son salvados deben atribuir a la gracia de Dios tanto la fe, como el arrepentimiento y las buenas obras que surgen de una fe genuina.
SOLA FIDE
El instrumento de la justificación es la fe, por medio de la fe, al indigno pecador le es imputada la justicia de Cristo, porque Su sacrificio fue vicario, es decir, en substitución de los creyentes. No puede será condenado el que está en Cristo Jesús.
SOLUS CHRISTUS Cristo es el único camino al Padre, Cristo es el único mediador, no hay otro medio de salvación, no hay salvación aparte de Cristo, ni puede alguien ser salvo a menos que crea con fe genuina en el único Salvador Jesucristo. Jesucristo nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención.
SOLI DEO GLORIA Dios es el único merecedor de gloria, honra y alabanza. El evangelio verdadero debe ser teo-céntrico y no homocéntrico, es decir, lo que importa es conocer a Dios, disfrutar de Él y glorificarle con todo lo que hacemos. En vez de presentar un mensaje enfocado en el hombre y sus necesidades, procuramos enfocar todo lo que hacemos dentro y fuera de la iglesia en procurar que el nombre de Dios sea santificado. Rechazamos el enfoque católico romano del libre albedrío que pretende dar al hombre la capacidad de agradar a Dios o tomar decisiones espirituales correctas, sin la previa acción del Espíritu Santo y tampoco creemos que el hombre pueda dejar de rechazar el Evangelio hasta que el Espíritu Santo transforme su corazón. La inversión de este orden en la predicación del evangelio, disminuye la gloria de Dios y da méritos al hombre y a su voluntad.
Casi todos los reformadores escribieron en forma extensa, pero el que esquematizó la doctrina bíblica de un forma excelente fue Juan Calvino con la publicación de su magna obra: La Institución de la Religión Cristiana.
Para tener una mejor comprensión de los conflictos teológicos que surgieron después y cómo se defendieron los teólogos reformados, les invito a leer el siguiente documento.
Es muy importante informarse y ahora con la poderosa herramienta de Internet, no tenemos excusa para permanecer ignorantes.
Por Alexander León.
Iglesia Bautista Reformada de los Lagos, Heredia- Costa Rica.

Conversando esta semana con mi suegro, analizábamos la situación de algunas iglesias en particular aquí en Venezuela, y terminamos hablando de la congregación donde él asiste. Después de reconocer que tengo razón en muchos de mis planteamientos con respecto algunos asuntos. Mi esposa le pregunta: Si es así como dices, ¿Por qué nos te vas a otra iglesia? Después de dar varios motivos  -a nosotros y en especial para mí-  él aún no ve (porque si las tiene) las razones para ir a otra congregación.
Es mi intención en esta entrada que Ud. Analice su condición y si está siendo edificado realmente en la congregación donde asiste. Aunque no será mi intención motivar a alguien a salir de su iglesia sin motivo, si lo es, dar información para que Dios abra sus ojos y vea la condición en la cual está su iglesia.
Como no me considero un experto en esta área, lo que haremos será ver 10 razones para escoger una buena iglesia, tomadas del libro: ¡Deje de Coquetear con la Iglesia! De Joshua Harris.  Así que, antes de pronunciar alguna crítica, le sugiero amado hermano que compre el libro, léalo y luego si desea conversamos…  (Haré un resumen de cada pregunta por lo extenso.)

1.                 ¿Es esta una iglesia donde se enseña con fidelidad la Palabra de Dios?
La iglesia que glorifica a Dios está gobernada por la Palabra de Dios. II Timoteo 3:16 dice: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,” 
Tenga cuidado. A primera vista la mayoría de las iglesias parecerán enseñar la Palabra de Dios. La verá impresa en el boletín, escrita en las paredes o salpicada a los largos de los servicios. No obstante, estas referencias a las Escrituras no implican necesariamente que la iglesia esté sometida a la Palabra de Dios.
Algunos maestros empiezan sus mensajes con la Biblia, pero esto es solo un trampolín para expresar sus propias ideas personales. ¡Yo debería saberlo muy bien, pues solía ser de ese tipo de maestros! Acostumbraba construir mensajes entretenidos alrededor de ilustraciones, opiniones o ideas propias. Siempre condimentaba mis mensajes con los pasajes de la Biblia. Sin embargo, las escrituras no eran la carne del plato, sino solo el condimento….”
Así que su primera prioridad es buscar una iglesia cuya enseñanza se rija por la confianza en la autoridad de las Escrituras.
2.               ¿Es esta una iglesia donde importa la sana doctrina?
“En Hechos 2:42 se nos dice que los primeros creyentes “perseveraban en la doctrina de los apóstoles”. En estos días a menudo la sana doctrina es objeto de burlas de parte de personas que la ven como algo innecesario y que causa divisiones para vivir la vida cristiana…   Un amigo que asistía a una conferencia para obreros de la juventud me dijo que el anfitrión inicio la actividad subiendo al escenario y declarando: ¡No se trata de la  doctrina! ¡Se trata de Jesús!”
“Creo que esta es una afirmación triste,  y que no guía por el camino adecuado. No tenemos que elegir entre la importancia de la doctrina y el amor de Jesús. Las dos búsquedas no se oponen.”
Busque una iglesia que conozca y defina con claridad aquello en lo que cree, un lugar donde la declaración de fe de veras marque una diferencia. Si tal iglesia es donde usted se siente como en su hogar, podrá estar de acuerdo con la afirmación de las doctrinas principales.
Si está buscando un material que le guíe en su estudio bíblico sobre doctrina, le recomiendo:  Bible Doctrine, (Doctrina de la Biblia) por Wayne Grudem. Este libro cubre los aspectos del Hombre, Cristo, la Salvación, de una manera fácil de entender.
3.               ¿Es esta una iglesia donde se atesora y proclama con claridad  el evangelio?
En cuanto a la elección de una iglesia, Charles Spurgeon dijo una vez:
No vayas donde haya linda música, buena conversación y bella arquitectura;: estas cosas no llenan ni el estomago ni el alama. Ve donde se predique el evangelio, el evangelio que en verdad alimenta tu alma y ve con frecuencia.
C.J. Mahaney, el pastor y amigo que ha entrenado en el ministerio, me enseño que la primicia del evangelio ha de estar en mi vida personal y en mi liderazgo de la iglesia local. Me enseño que el evangelio no es solo para salvarnos, sino la realidad que nos define cómo debemos vivir cada día nuestras vidas.
4.                ¿Es esta una iglesia comprometida a llegar a los no cristianos con el evangelio?
Jesús comisión a todos sus seguidores a ir y hacer discípulos (véase Mt. 28:18-20) así que, haga que sea prioridad buscar una iglesia que no solo celebre el evangelio, sino que también se extienda a los nos salvo en la comunidad con estas mismas buenas nuevas. Sin un énfasis en la evangelización una iglesia se vuelve egoísta y cerrada en sí misma.
5.                 ¿Es esta una iglesia cuyos líderes se caracterizan por la humildad y la integridad?
Cuando cumplí los veintiún años, mi padre me escribió una carta especial en la me alentaba a encontrar hombres a quienes quisiera parecerme. “Entonces siéntate a sus pies y aprende de ellos”, decía. Este es un buen consejo. No hay pastor perfecto, pero cuando se trata de evaluar a los líderes de una iglesia, uno quiere encontrar hombres en quien se pueda confiar y cuyo ejemplo podamos siempre seguir. En 1 Tim. 3 se enumeran las calificaciones de los pastores…” “… observe que las calificaciones se relacionan en su mayoría con la calidad de su vida. Creo que ser pastor es una profesión de carácter. No hay destrezas, capacidad de liderazgo o estrategias de comunicación que puedan reemplazar al carácter piadoso. Busque una iglesia donde el carácter personal sea más importante que el titulo, la posición o el éxito.
He encontrado  que los líderes más eficientes se ven a sí mismo primero como siervos. Y los lideres con integridad siempre recuerdan que deben rendir cuentas. No se ven ellos mismo como inmunes al pecado…” (énfasis añadido por mí)
En la siguiente entrada terminaremos de ver lo que dice Joshua Harris. Por ahora les recomiendo el libro de Mark Dever: 9 Marcas Una iglesia Saludable.